La foto de arriba parece muy ordinaria. Pero representa una expresión del servicio que no pronto voy a olvidar. Déjame explicar.
Yo andaba en Xalapa, México en Junio 2009 y tuve el privilegio de servir bajo el liderazgo de Maddai González, la Coordinadora de Misión Mundial MAC para el área México Centro-Sur. Estábamos entrenando a un grupo de jóvenes en evangelismo, ministerio con niños, etc. Incluso, habíamos comenzado a visitar algunos lugares estratégicos para servir y evangelizar en los mercados y calles.
En el camino, pasamos por una calle donde había llovido mucho y yo me encontré hundiendo en lodo. Llegamos a la casa de Maddai donde su mamá tenía preparada una enorme y sumamente rica comida. Dejamos nuestros zapatos en la entrada y ellos me dieron unas chancletas mientras comíamos.
Al terminar el descanso, salimos de la casa y el hermano de Maddai, Samuel, estaba hincado en el patio con la manguera. ¡Él estaba lavando mis zapatos! Debo recalcar que los zapatos eran asquerosos, sucios, y–ahem–apestaron del sudor de las actividades de la semana. Además Samuel estaba en su ropa normal, ensuciándose bastante. Y no estaba lavándolos a medias; ¡mis zapatos nunca habían brillado tanto antes! Yo no había pedido que lo hiciera, ni él me había dicho que lo iba a hacer. Sólo salió de la casa, se hincó, y comenzó a lavar.
Yo sé que hoy en día (gracias a Dios), no practicamos el hábito de lavar los pies de los demás. Hablamos mucho de la historia en Juan 13 y la usamos como un EJEMPLO de cómo debemos servir a otros. Raras veces nos encontramos en una situación donde lo que Jesús hizo a sus discípulos se refleja tan explícitamente en un acto real de alguien hoy día.
Así que, Samuel, mi hermano, me enseñaste mucho sobre la santidad. Cuando empecé a tomar fotos, te parecía raro. Lo que estabas haciendo no fue gran cosa, fue lo normal según tu perspectiva. Cuando yo estaba descansando después de servir, tú decidiste seguir sirviendo. Te aprecio y te agradezco mucho, mi hermano.
“Como había amado a los suyos…los amó hasta el fin” (Juan 13:1).
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